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San Borondón, la isla perdida de las Canarias.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Corría el S. VI cuando el monje evangelizador y navegante irlandés llamado Borondón decide echarse a la mar con otros diecisiete monjes en busca del Paraíso Terrenal. Comenzaría así uno de los viajes más famosos de la cultura medieval, y que tras un largo periplo, finalizaría "en un mar lleno de islas" las cuales muy probablemente eran las Canarias.

La historia nos cuenta que los monjes al ver tierra deciden bajar a inspeccionarla y a celebrar misa. Una vez en tierra descubren que la isla que eligieron para desembarcar se trata en realidad de una enorme ballena, naciendo en ese momento la leyenda de la isla errante.

 San Borondón (patrono de los marinos) celebrando misa sobre la ballena.

Un relato medieval que quedaría relegado al olvido de no ser porque los habitantes y marineros de las Canarias llevan siglos viendo en la lejanía una isla que aparece, desaparece y cambia de posición.

Una isla a la que los canarios llaman "la inaccesible", "la encantada", "la perdida", o más comúnmente, la Isla de San Borondón. Una isla fantasma que ha sido cartografiada en muchas ocasiones a lo largo de la historia, fotografiada, e incluso visitada.

 Extracto del mapa del norte de África de 1707 del cartógrafo francés Guillermo Delisle (Geógrafo Real y profesor de Luis XV)
 
Esta isla estaría localizada según los testigos en el extremo occidental del archipiélago entre La Palma, La Gomera y El Hierro, y tendría unas dimensiones nada despreciables llegando a medir 480 km de norte a sur y 155 km de este a oeste.

Uno de los aspectos que ayudan a mantener viva la leyenda es el gran número de expediciones, tanto españolas, como portuguesas y británicas que han tratado de llegar a la isla misteriosa a lo largo de estos siglos. Siendo lo sorprendente del caso, que algunas de ellas a su regreso afirmaban haber llegado a sus costas, como en el caso de la expedición encabezada por Hernan Perez de Grado, regente de la Real Audiencia de Canarias en 1570 que afirmó haber estado en sus costas y haber perdido en ellas a parte de su tripulación.

Otra expedición, mucho más reciente (enero de 1865) y mejor documentada, que llegó a tomar tierra en la isla fantasma, es la del naturista de la Royal Society inglesa, Edward Harvey, cuyas fotos y diario de expedición aún se conservan.



Edward Harvey era un respetado naturalista dentro del circulo científico británico. En su haber figuran dos expediciones previas a la que nos concierne, la primera a las colonias británicas en África en 1859 y la segunda, poco después, en 1862, con destino a la isla de Madeira y a las Canarias.

Fue en esta segunda expedición, durante su estancia en Tenerife, cuando se entera de la existencia de unas islas cercanas a Las Canarias y que no pertenecían a la colonia Española. Hallazgo que deja reflejado en su diario de la siguiente manera:
“Dicen las gentes de este lugar que más allá de las islas, hacia poniente, se encuentran otras islas que no pertenecen a las colonias…sería de gran interés para la Royal Society poder acceder a estas tierras y estudiar su naturaleza”.
En 1863 regresa a Inglaterra. A partir de ese momento un solo pensamiento ocupa la mente del aventurero naturalista: Descubrir las islas de poniente. Tras haber tenido conocimiento de la existencia de estas islas por boca de los canarios comienza un exhaustivo estudio de la zona y encuentra multitud de referencias escritas y cartográficas a la isla de San Borondón. La leyenda empieza a convertirse en algo tangible.
“Las leyendas siempre se basan en algo real, esa isla debe existir. Tantas expediciones han ido en su busca y tantos testimonios hay de su avistamiento. He de ser el primero en encontrar San Borondón”.
Decide entregarse en exclusiva a la misión de preparar una nueva expedición con el objetivo único de encontrar la isla. Comienza una vertiginosa carrera de estudios e investigaciones sobre las islas del Atlántico. Estudia los mapas en los que figuraba la isla, que avalaban la existencia de unos nuevos territorios aún por descubrir. Llega a tanto su obsesión y su dedicación, que no le queda más remedio que abandonar la Royal Society por no poder cumplir con las obligaciones que como trabajador de la misma había contraído.

Harvey llega a Santa Cruz de Tenerife a finales de 1864 y comienza a organizar la expedición que saldría finalmente de Las Canarias en enero de 1865. Tras unos días en el mar, durante los cuales la tripulación se enfrenta a una tormenta que daña el barco y hace que lleguen a temer por sus vidas, se escucha en cubierta al fin el grito de: "¡Tierra! ¡Girad a tierra!"

Queda ahora bajar a tierra firme, reparar el barco e inspeccionar la isla y, como no, tratar de averiguar si habían llegado realmente a San Borondón. Algo de lo que Harvey llegaría a estar seguro en muy pocos días.

Durante los siguientes 7 días que la expedición permaneció en la isla Harvey no descansó un segundo, tratando de recorrer la isla de extremo a extremo y adentrándose en la espesa vegetación tanto como le era posible. Siempre acompañado de su inseparable diario de viaje, su cuaderno de dibujo y de su cámara de fotos procuró que no quedase detalle sin registrar.

De todos aquellas fotos, dibujos y anotaciones que realizó y que aún se conservan son un buen ejemplo los siguientes:

 El barco de la expedición, la Cruz del Sur,  fondeado en la bahia de San Borondón 
14/01/1865


Acantilado con talla facial 
14/01/1865


Estanque en el interior de la isla 
16/01/1865


 Miembo de la expedición junto a frutos gigantes 
17/01/1865


 Panorámica de la costa 
17/01/1865


Tallas faciales en el interior de la isla 
 18/01/1865 


Oculimagnus Sanborndensis, uno de los animales que Harvey descubrió en la isla






Como no podía ser de otra manera, y como ocurre con todas las leyendas, la leyenda de San Borondón esta creada a base de imaginación sobre unos pequeños trazos de realidad. Y en este caso estamos ante una leyenda aún viva. La isla fantasma se sigue viendo, fotografiando, grabando y sigue dando que hablar.






Una leyenda que aunque podamos ver y parezca que casi tocar, ha sido explicada y desmentida por los científicos. Y es que la isla de San Borondón puede ser una formación de nubes bajas posadas sobre el mar o quizás el reflejo del Teide en el horizonte.

En cuanto a las expediciones, es probable que las que tocaron tierra lo hicieran por error en tierras ya conocidas o incluso que no sean más que una farsa para alimentar la leyenda o el ego de aquellos que pretendieron ser los descubridores de la isla perdida a lo largo de los siglos.

Fuentes: 1 2 3 4
 
Mención especial merece la web laisladescubierta.net donde podemos encontrar las fotografías y el diario de Edward Harvey (en cuyas páginas merece la pena perderse), y cuyo viaje es en realidad una ficción artística sobre el mito, que con poco tiempo de vida forma parte ya de la historia de los viajes a la isla perdida.

A veces es bonito soñar.


Halloween. Reivindicando a los monstruos españoles: el tio camuñas, el hombre del saco y el sacamantecas

viernes, 30 de octubre de 2009

Ya que los medios y los grandes almacenes se empeñan en importar a este rincón del globo desde donde escribo la festividad de Halloween, aprovecho para reivindicar a nuestros tres monstruos infantiles más habituales.

Tres "monstruos" que saltaron de las sombras de la vida real a la inmortalidad del folclore español.

El primero de ellos es el Tío Camuñas, un personaje al que la historia y el folclore no le da el trato que se merece.

Se trata de Francisco Sánchez Fernández, nacido el 11 de septiembre de 1762 en Camuñas, pequeña localidad toledana que actualmente ronda los 1000 habitantes.

Francisco Sánchez, apodado por sus contemporáneos como Francisquete, se gana la vida con el honrado trabajo de correo, lo que le permite adquirir una gran habilidad en la monta de caballos y un gran conocimiento de la zona.

Las cosas se empiezan a torcer para Francisquete en  1804, cuando su hermano, alcalde del pueblo, se enfrenta al cura économo a causa del control de la fiesta del Corpus Christi; ante esta disputa, el cura del pueblo decide concederle el honor al alcalde, lo que provoca la enemistad del cura ecónomo y allegados para con el alcalde.

Uno de esos allegados del cura ecónomo, el edil del ayuntamiento Vicente Hidalgo Saavedra, sería años más tarde uno de los llamados afrancesados y aprovecharía la llegada de los franceses a la zona para hostigar a la familia del alcalde.

El 23 de abril de 1809 Vicente Hidalgo acompañaría a los soldados franceses a capturar al alcalde, pero la captura no acabaría bien, el alcalde asesina a Vicente y consigue refugiarse en su casa, convertida en fortaleza, junto a su hermano Francisquete donde resistirían atrincherados cerca de un mes.

El 21 de mayo, el ejercito francés decide poner fin al asunto y envía tropas a tomar la casa, al contemplar esto y viendo la escasa munición que les quedaba, los hermanos deciden abandonar la casa saltando el muro trasero.

Francisquete lo conseguiría, su hermano, herido a causa de los disparos sería apresado y colgado de las aspas del molino de Camuñas.

A partir de ese momento Francisquete permanece escondido para no ser apresado por los militares franceses, aunque esta situación duraría poco, la muerte de uno de sus hijos en Julio de ese año, a cuyo entierro no puede acudir le sirve de detonante.




Francisquete sale de su escondrijo y comienza a recorrer los pueblos de los alrededores donde consigue reunir a una treintena de hombres a caballo junto a los cuales se convertiría en uno de los guerrilleros más famosos de La Mancha, y sobre todo, en uno de los más temidos por los franceses quienes popularizaron la frase "¡Que viene el tío Camuñas!", que gritaban horrorizados al verle llegar por su fama de despiadado.

El Tío Camuñas, monstruo infantil es considerado un heroe de Guerra en su pueblo natal


Nuestro siguiente monstruo infantil es Juan Díaz de Garayo (1821- 1881), más conocido como El Sacamantecas, fue un asesino en serie que vivió en Alava donde asesinó y violó post mortem a seis mujeres, una de ellas, una niña de solo trece años, otras cuatro fueron prostitutas, a las que mutiló brutalmente sacandolas las tripas y extrayendolas la grasa para usarla como combustible y como ingrediente culinario.

Se le imputaron también varios intentos que no llegó a consumar. Fue apresado en 1880 y ejecutado mediante garrote vil un año después



Nuestro tercer monstruo, el hombre del saco, no es achacable a un solo hombre en particular, el hombre del saco tiene su origen en las desapariciones de niños a lo largo y ancho del país, niños raptados por distintas personas en unos casos, y niños perdidos en otros.


Sin embargo, de entre todos los secuestradores de niños conocidos en la época en el que el hombre del saco pasó a ser un monstruo del folclore popular hay uno en especial al que merece dicho apelativo; se trata de Francisco Ortega "el Moruno", un hombre enfermo de tuberculosis que vivía en Gador, Almeria en el año de 1910, este hombre desesperado por librarse de su enfermedad, acudió a ver a una curandera, Agustina Rodriguez, quien le remitió a otro curandero, un amigo suyo llamado Francisco Leona, un hombre con antecedentes criminales y sin escrúpulos que aceptó el reto de proporcionar una cura al enfermo a cambio de la, entonces, enorme cantidad de dinero cifrada en 3.000 reales.



Si el precio exigido al enfermo era desproporcionado, el remedio debía estar a la altura: tenía que beber la sangre de un niño sano, recién salida del cuerpo, y ponerse en el pecho emplastos de las mantecas aún calientes de la criatura. Le prometió que de esa forma sanaría enseguida.

Leona se ofreció él mismo conseguir un niño y salió junto con el hijo de Agustina, Julio Hernández "el tonto", en busca de algún niño extraviado. En la tarde del 28 de junio de 1910 secuestraron a Bernardo González Parra, de siete años, que se había despistado mientras jugaba con sus amigos y se había separado de ellos. Leona y Julio lo metieron en un saco y lo llevaron al cortijo de Araoz, aislado del pueblo, que Agustina había puesto a disposición del enfermo.

Una vez que todo el mundo estuvo en la casa, sacaron al niño Bernardo del saco, despierto pero aturdido y le realizaron un corte en la axila para sacarle sangre que recogieron en un vaso. Ortega se bebió la sangre mezclada con azúcar antes de que se enfriara. Julio mató al pequeño golpeándole la cabeza con una gran piedra. Leona, previamente y todavía en el cortijo, abrió el vientre del niño y le extrajo la grasa y el epiplón, y lo envolvió todo en un pañuelo que puso sobre el pecho de Ortega. Así, una vez terminado el ritual, ocultaron el cuerpo en un lugar conocido como "Las Pocicas" en una grieta en la tierra, y lo taparon con hierbas y piedras, sin enterrarlo.

Al realizar el reparto de dinero, Leona intenta engañar a Julio y no le paga las cincuenta pesetas que le prometieron por el asesinato. Éste decide vengarse y le cuenta a la Guardia Civil que ha encontrado el cuerpo de un niño por casualidad mientras perseguía a unos pollos de perdiz. Detuvieron a Leona por tener antecedentes, y éste culpó a Julio, que en un principio declaró haber presenciado el crimen desde unos matorrales. Al final los dos hombres confesaron el crimen, no sin antes dar mil y una versiones diferentes, algunas de ellas totalmente disparatadas.


La Guardia Civil detuvo a todas las personas implicadas en el asesinato del niño Bernardo. Leona fue condenado al garrote vil, pero murió en la cárcel. Ortega y Agustina fueron también condenados a la pena máxima y ejecutados. José fue condenado a 17 años de cárcel y su mujer, Elena, fue absuelta. Julio "el tonto", condenado en un principio al garrote vil, fue indultado por ser considerada su demencia.

Fuentes: 1 2 3 4 5 6 





Sobre las dos veces que España ha "ayudado" a invadir Vietnam

martes, 6 de octubre de 2009

Hay dos hechos poco conocidos de la historia militar española que aunque suceden en el mismo marco geográfico tienen poco que ver entre si en cuanto a motivaciones.

El primero de ellos data de mediados del S. XIX. La situación interior y exterior de nuestro país no puede decirse que fuera muy boyante; España permanecía a la sombra de las grandes potencias europeas, se sentía deslumbrada por su desarrollo capitalista y el afán imperialista y expansionista que aun entonces persistía en las mentes de nuestros dirigentes, les llevó a firmar el Tratado de la Cuadruple Alianza con Francia, Inglaterra y Portugal, un Tratado que resultó ser mucho más ventajoso para Francia e Inglaterra que para los países de la península Ibérica.


En nuestro país, el general O´Donnell trata de desviar la atención de los problemas internos a base de intentar conseguir réditos políticos de una serie de aventuras militares que deberían de proporcionar a España el lugar de prestigio que a esta le correspondía, y que resultaron en su mayoría desastrosas e inútiles.

Entre estos despropósitos brilla con luz propia la participación militar española en la Primera guerra de Vietnam (no confundir con la primera guerra de Indochina, que fue poco después), una zona a la que entonces se la conocía como la Conchinchina .

La Conchinchina era un territorio gobernado tradicionalmente por la dinastía Nguyên, y a mediados del s.XIX el emperador Nguyên que ostentaba el trono, era el emperador Tu Duc, un emperador que empezaba a sentirse molesto por la presencia de los franceses en la zona, y en menor medida, también por la presencia de algunos españoles, hasta tal punto que acabó ordenando la persecución y castigo de los misioneros franceses y españoles que por allí pululaban evangelizando a los vietnamitas.

El asesinato por parte de los vietnamitas del vicario apostólico de Tokin central, el dominico asturiano José María Díaz Sanjurjo que trabajaba para la diócesis francesa, fue la excusa. Francia declara la guerra en 1858 y España, obligada por el Tratado de la Cuádruple Alianza, y con un importante compatriota asesinado, acude en ayuda de los franceses.
 Grabado sobre la guerra de Conchinchina

Una expedición de castigo de unos 3.000 soldados franceses, españoles y filipinos desembarca en Da Nang, la ciudad más importante del centro de Vietnam, y desde allí las tropas avanzan rápidamente por todo el país, tomando la capital, Saigón en 1859; finalmente en 1862 el emperador Tu Duc acepta su derrota y firma el llamado Tratado de Saigón en el que se anuncia oficialmente el nacimiento de la Indochina Francesa.
Soldados filipinos

Francia obtenía de esta manera muchos beneficios de todo tipo, España, poco o nada a parte del agradecimiento de los franceses. Sus deseos de establecerse en la zona a modo de potencia europea mediante un protectorado no consiguieron hacerse realidad

Las tropas españolas permanecen en la zona durante cinco años más y después se retiran paulatinamente; al estado español no le salía rentable mantener tropas en la zona.




El segundo de ellos es solo un siglo después, durante la Segunda guerra de Indochina, más comúnmente denominada, la Guerra de Vietnam.

Por aquel entonces, en España mandaba el General Franco, y en EEUU lo hacía el presidente Lyndon Baines Johnson, sucesor de Richard Nixon que fue quien metió a su país en la guerra de Vietnam.

Cuando Lyndon llega al poder, le toca lidiar con una guerra que se está tornando mucho más cruenta y larga de lo esperado por Nixon, y busca ayuda en cualquier lado, es entonces cuando recurre a Franco, tal como se descubre mucho tiempo después al hacerse públicos los archivos del Departamento de Estado Norteamericano. Para cualquiera que quiera consultar: Relaciones Internacionales de Estados Unidos, 1964-1968. Volumen doce: Europa Occidental. España.Documento 184.

Para sorpresa de Lyndon, Franco rehúsa acudir en su ayuda y entrar directamente en guerra, y lo hace mediante una carta que aun se conserva en los archivos antes citados; carta que copio integra a continuación y en la cual me permito resaltar lo más llamativo:


"Mi querido Presidente Johnson

Mucho le agradezco el sincero enjuiciamiento que me envía de la situación en el Vietnam del Sur y los esfuerzos políticos y diplomáticos que, paralelamente a los militares, los Estados Unidos vienen desarrollando para abrir paso a un arreglo pacífico. Comprendo vuestras responsabilidades como nación rectora en esta hora del mundo y comparto vuestro interés y preocupación de los que los españoles nos sentimos solidarios en todos los momentos. Comprendo que un abandono militar de Vietnam por parte de los Estados Unidos afectaría a todo el sistema de seguridad del mundo libre.

Mi experiencia militar y política me permite apreciar las grandes dificultades de la empresa en que os veis empeñados: la guerra de guerrillas en la selva ofrece ventajas a los elementos indígenas subversivos que con muy pocos efectivos pueden mantener en jaque a contingentes de tropas muy superiores; las más potentes armas pierden su eficacia ante la atomización de los objetivos; no existen puntos vitales que destruir para que la guerra termine; las comunicaciones se poseen en precario y su custodia exige cuantiosas fuerzas. Con las armas convencionales se hace muy difícil acabar con la subversión. La guerra en la jungla constituye una aventura sin límites.

Por otra parte, aunque reconociendo la insoslayable cuestión de prestigio que el empeño pueda presentar para vuestro país, no se puede prescindir de pesar las consecuencias inmediatas del conflicto. Cuanto más se prolongue la guerra, más empuja al Vietnam a ser fácil presa del imperialismo chino, y aun suponiendo que pueda llegar a quebrantarse la fortaleza del Vietcong. Subsistirá mucho tiempo la acción larvada de las guerrillas que impondrá la ocupación prolongada del país en que siempre seréis extranjeros. Los resultados como veis, no parecen estar en relación con los sacrificios.

La subversión en el Vietnam, aunque a primera vista se presente como un problema militar, constituye, a mi juicio, un hondo problema político; está incluido en el destino de los pueblos nuevos. No es fácil al Occidente comprender la entraña y la raíz de sus cuestiones. Su lucha por la independencia ha estimulado sus sentimientos nacionalistas; la falta de intereses que conservar y su estado de pobreza les empuja hacia el social-comunismo que les ofrece mayores posibilidades y esperanzas que el sistema liberal patrocinado por Occidente que les recuerda la gran humillación del colonialismo. Los países se inclinan en general al comunismo porque, aparte de su poder de captación es el único camino eficaz que se les deja. El juego de las ayudas comunistas rusa y china viene siendo para ellos una cuestión de oportunidad y de provecho.

Es preciso no perder de vista estos hechos. Las cosas son como son y no como nosotros quisiéramos que fueran. Se necesita trabajar con las realidades del mundo nuevo y no con quimeras. ¿No es Rusia una realidad con la que ha habido que contar? ¿No estaremos en esta hora sacrificando el futuro a aparentes imperativos del presente? A mi juicio hay que ayudar a estos pueblos a encontrar su camino político, lo mismo que nosotros hemos encontrado el nuestro.

Ante estos hechos nuevos no es posible sostener la rigidez de las viejas posiciones. Una cosa es lo que puedan acordar las grandes naciones en Ginebra y otra el que tales decisiones agradan a los pueblos y se conformen con ellas. Es difícil de defender en el futuro y ante los ojos del mundo esa división artificial de los países que sí fue conveniente de momento dejará siempre abierta una aspiración a la unidad.

Comprendo que el problema es muy complejo y que está presidido por el interés americano de defender a las naciones del Sudeste asiático de la amenaza comunista; pero siendo ésta de carácter eminentemente político, no es sólo por la fuerza de las armas cómo esta amenaza puede desaparecer.

Al observar, como hacemos, los sucesos desde esta área europea, cabe que nos equivoquemos. Guardamos, sin embargo, la esperanza de que todo pueda solucionarse ya que en el fondo los principales actores aspiran a lo mismo; los Estados Unidos a que el comunismo chino no invada los territorios del sudeste asiático; los estados del sudeste asiático a mantener a China lo más alejada de sus fronteras; Rusia, a su vez, a que su futura rival, China, no se extienda y crezca; Ho Chi Minh, por su parte, a unir el Vietnam en un Estado fuerte y a que China no lo absorba.

No conozco a Ho Chi Minh, pero por su historia y sus empeños por expulsar a los japoneses, primero, a los chinos después y a los franceses más tarde, hemos de conferirle un crédito de patriota, al que no puede dejar indiferente el aniquilamiento de su país. Y dejando a un lado su reconocido carácter de duro adversario, podría, sin duda ser el hombre de esta hora, el que Vietnam necesita.

En este interés superior de salvar al pueblo vietnamita y a los pueblos del sudeste asiático, creo que vale la pena de que todos sacrifiquemos algo.

He deseado, mi querido Presidente, haceros estas reflexiones confidenciales en el lenguaje directo de la amistad. Aunque sé que muchas están en vuestro ánimo, le expongo lealmente mi juicio con el propósito de ayudar al mejor servicio de la paz y del futuro de los pueblos asiáticos.

Suyo buen amigo

Francisco Franco.

Jefe del Estado Español "

Sin embargo, Franco no quiere perder los contactos políticos con EEUU, y a pesar de haber rehusado entrar directamente en guerra, acepta la dirección de un hospital militar en una zona caliente de Vietnam, el Hospital Provincial de Go Cong, donde ondearía la bandera española por un lapso de cinco años.
Un hospital con capacidad para 150 camas, defendido por tropas españolas y estadounidenses donde prestarían servicio cerca de 30 sanitarios españoles en rotaciones de doce personas cada tres meses.


"Cuando llegamos a Saigón (el 8 de septiembre de 1966) aquello era un hervidero. Las bombas caían continuamente sobre la ciudad, los coches volaban y el ruido era ensordecedor. Pero la gente andaba por la calle como si tal cosa. Intentaban hacer su vida normal. Se habían acostumbrado", recuerda aún con extrañeza el coronel Francisco Faúndez, uno de los cuatro médicos de aquella la primera expedición. "Pero el ejército permanecía recluido en sus bases, rodeados de sacos terreros y sin salir".
Teniente médico Antonio Velázquez 1969

"¿Recuerda aquella escena de Apocalypse Now? ¿El despegue de los helicópteros con la música de Wagner? Lo veíamos todo el tiempo. Era exactamente igual"
"La labor que teníamos era imposible de acometer. La población civil sufría un porcentaje elevadísimo de tuberculosis crónicas, casos que no merecían la pena desde el punto de vista americano"

"Oíamos como nos ametrallaban al amanecer casi cada día. Lo oíamos, pero no veíamos nada por las plataneras. Nos lanzaban granadas de mortero todos los meses. El peor, febrero de 1968. Los vietcongs celebraron el Tet, el año nuevo vietnamita, atacando la zona donde estaban los españoles con fuego de mortero, ametralladoras y fusiles para liberar de la cárcel próxima a 200 presos. Al día siguiente, seis granadas más mataron a ocho miembros del personal vietnamita de la casa e hirieron a dos militares españoles"
El equipo español atendió en los seis primeros meses a más de 23.000 personas. En Vietnam les condecoraron tres veces, y pusieron a un puente su nombre. Allí dejaron amigos. Cuando llegaron a España, en 1971, nadie les recibió




Fuentes:
1ª intervención en Vietnam: 1 2 3 4
2ª intervención en Vietnam: 1 2 3 4 5


Notas: aunque la participación española en primera guerra de Vietnam es un hecho desconocido para la gran mayoría de los españoles, su existencia ha quedado grabada en nuestro lenguaje coloquial. ¿A quien no le han mandado alguna vez a la Conchinchina? ¿Quién no ha dicho alguna vez que alguien o algo esta en la Conchinchina para hacer referencia a lo lejos que está?