Halloween. Reivindicando a los monstruos españoles: el tio camuñas, el hombre del saco y el sacamantecas

viernes, 30 de octubre de 2009

Ya que los medios y los grandes almacenes se empeñan en importar a este rincón del globo desde donde escribo la festividad de Halloween, aprovecho para reivindicar a nuestros tres monstruos infantiles más habituales.

Tres "monstruos" que saltaron de las sombras de la vida real a la inmortalidad del folclore español.

El primero de ellos es el Tío Camuñas, un personaje al que la historia y el folclore no le da el trato que se merece.

Se trata de Francisco Sánchez Fernández, nacido el 11 de septiembre de 1762 en Camuñas, pequeña localidad toledana que actualmente ronda los 1000 habitantes.

Francisco Sánchez, apodado por sus contemporáneos como Francisquete, se gana la vida con el honrado trabajo de correo, lo que le permite adquirir una gran habilidad en la monta de caballos y un gran conocimiento de la zona.

Las cosas se empiezan a torcer para Francisquete en  1804, cuando su hermano, alcalde del pueblo, se enfrenta al cura économo a causa del control de la fiesta del Corpus Christi; ante esta disputa, el cura del pueblo decide concederle el honor al alcalde, lo que provoca la enemistad del cura ecónomo y allegados para con el alcalde.

Uno de esos allegados del cura ecónomo, el edil del ayuntamiento Vicente Hidalgo Saavedra, sería años más tarde uno de los llamados afrancesados y aprovecharía la llegada de los franceses a la zona para hostigar a la familia del alcalde.

El 23 de abril de 1809 Vicente Hidalgo acompañaría a los soldados franceses a capturar al alcalde, pero la captura no acabaría bien, el alcalde asesina a Vicente y consigue refugiarse en su casa, convertida en fortaleza, junto a su hermano Francisquete donde resistirían atrincherados cerca de un mes.

El 21 de mayo, el ejercito francés decide poner fin al asunto y envía tropas a tomar la casa, al contemplar esto y viendo la escasa munición que les quedaba, los hermanos deciden abandonar la casa saltando el muro trasero.

Francisquete lo conseguiría, su hermano, herido a causa de los disparos sería apresado y colgado de las aspas del molino de Camuñas.

A partir de ese momento Francisquete permanece escondido para no ser apresado por los militares franceses, aunque esta situación duraría poco, la muerte de uno de sus hijos en Julio de ese año, a cuyo entierro no puede acudir le sirve de detonante.




Francisquete sale de su escondrijo y comienza a recorrer los pueblos de los alrededores donde consigue reunir a una treintena de hombres a caballo junto a los cuales se convertiría en uno de los guerrilleros más famosos de La Mancha, y sobre todo, en uno de los más temidos por los franceses quienes popularizaron la frase "¡Que viene el tío Camuñas!", que gritaban horrorizados al verle llegar por su fama de despiadado.

El Tío Camuñas, monstruo infantil es considerado un heroe de Guerra en su pueblo natal


Nuestro siguiente monstruo infantil es Juan Díaz de Garayo (1821- 1881), más conocido como El Sacamantecas, fue un asesino en serie que vivió en Alava donde asesinó y violó post mortem a seis mujeres, una de ellas, una niña de solo trece años, otras cuatro fueron prostitutas, a las que mutiló brutalmente sacandolas las tripas y extrayendolas la grasa para usarla como combustible y como ingrediente culinario.

Se le imputaron también varios intentos que no llegó a consumar. Fue apresado en 1880 y ejecutado mediante garrote vil un año después



Nuestro tercer monstruo, el hombre del saco, no es achacable a un solo hombre en particular, el hombre del saco tiene su origen en las desapariciones de niños a lo largo y ancho del país, niños raptados por distintas personas en unos casos, y niños perdidos en otros.


Sin embargo, de entre todos los secuestradores de niños conocidos en la época en el que el hombre del saco pasó a ser un monstruo del folclore popular hay uno en especial al que merece dicho apelativo; se trata de Francisco Ortega "el Moruno", un hombre enfermo de tuberculosis que vivía en Gador, Almeria en el año de 1910, este hombre desesperado por librarse de su enfermedad, acudió a ver a una curandera, Agustina Rodriguez, quien le remitió a otro curandero, un amigo suyo llamado Francisco Leona, un hombre con antecedentes criminales y sin escrúpulos que aceptó el reto de proporcionar una cura al enfermo a cambio de la, entonces, enorme cantidad de dinero cifrada en 3.000 reales.



Si el precio exigido al enfermo era desproporcionado, el remedio debía estar a la altura: tenía que beber la sangre de un niño sano, recién salida del cuerpo, y ponerse en el pecho emplastos de las mantecas aún calientes de la criatura. Le prometió que de esa forma sanaría enseguida.

Leona se ofreció él mismo conseguir un niño y salió junto con el hijo de Agustina, Julio Hernández "el tonto", en busca de algún niño extraviado. En la tarde del 28 de junio de 1910 secuestraron a Bernardo González Parra, de siete años, que se había despistado mientras jugaba con sus amigos y se había separado de ellos. Leona y Julio lo metieron en un saco y lo llevaron al cortijo de Araoz, aislado del pueblo, que Agustina había puesto a disposición del enfermo.

Una vez que todo el mundo estuvo en la casa, sacaron al niño Bernardo del saco, despierto pero aturdido y le realizaron un corte en la axila para sacarle sangre que recogieron en un vaso. Ortega se bebió la sangre mezclada con azúcar antes de que se enfriara. Julio mató al pequeño golpeándole la cabeza con una gran piedra. Leona, previamente y todavía en el cortijo, abrió el vientre del niño y le extrajo la grasa y el epiplón, y lo envolvió todo en un pañuelo que puso sobre el pecho de Ortega. Así, una vez terminado el ritual, ocultaron el cuerpo en un lugar conocido como "Las Pocicas" en una grieta en la tierra, y lo taparon con hierbas y piedras, sin enterrarlo.

Al realizar el reparto de dinero, Leona intenta engañar a Julio y no le paga las cincuenta pesetas que le prometieron por el asesinato. Éste decide vengarse y le cuenta a la Guardia Civil que ha encontrado el cuerpo de un niño por casualidad mientras perseguía a unos pollos de perdiz. Detuvieron a Leona por tener antecedentes, y éste culpó a Julio, que en un principio declaró haber presenciado el crimen desde unos matorrales. Al final los dos hombres confesaron el crimen, no sin antes dar mil y una versiones diferentes, algunas de ellas totalmente disparatadas.


La Guardia Civil detuvo a todas las personas implicadas en el asesinato del niño Bernardo. Leona fue condenado al garrote vil, pero murió en la cárcel. Ortega y Agustina fueron también condenados a la pena máxima y ejecutados. José fue condenado a 17 años de cárcel y su mujer, Elena, fue absuelta. Julio "el tonto", condenado en un principio al garrote vil, fue indultado por ser considerada su demencia.

Fuentes: 1 2 3 4 5





1 comment

anllel33 dijo...

A Francisquete nunca se le a dado un trato justo le han puesto como un mostruo y no lo es nadie mejor que nosotros los camuñanos savemos su historia y el origen.Hoy dia en agosto se hace una fiesta para conmemorar esos años los años que francisquete lucho contra los frances.Para nosotros es un orgullo es un heroe y no un mostruo

1 de septiembre de 2012, 17:08

Publicar un comentario