La ley Seca; poniendo puertas al campo.

domingo, 27 de diciembre de 2009

"Esta noche, un minuto después de las doce, nacerá una nueva nación. El demonio de la bebida hace testamento, se inicia una era de ideas claras y limpios modales. Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos; todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerrarán para siempre las puertas del infierno."

Estas palabras eran pronunciadas por Andrew Volsted, congresista republicano y presidente del Comité Judicial de la Casa Blanca, el 16 de Enero de 1920. Pocas veces un discurso político ha resultado ser tan humillantemente erróneo, como se pudo comprobar poco tiempo después. La ley Volstead, más conocida como Ley Seca o como el Acta de Prohibición de 1919, tuvo unos efectos secundarios, cuanto menos, inesperados.


Hacia la Ley Seca.


"Andrew Volstead, un buen cristiano" portada de la revista Time

Aunque el proyecto de ley fue bautizado en honor a Andrew Volstead, presidente del comité judicial que ofició, dirigió y apoyó con esmero su aprobación como ley; su autor, y verdadero padre fue Wayne Wheeler, miembro de la Liga Anti-Bares. Esta asociación, formada en 1893 llegaría a convertirse en una poderosa fuerza política cuyo único objetivo era aprobar la prohibición nacional sobre las bebidas alcohólicas.

Cartel publicitario de la Anti Saloon League

Los adherentes al movimiento creían que el consumo de alcohol era dañino para el individuo en particular y para la moral americana en general, y que la sociedad entera se beneficiaria si el alcohol fuese prohibido. 

Uno de los personajes más activos dentro de la Liga Anti Bares, y que sería considerada todo un icono del movimiento, era Carrie Amelia Nation, una entrañable ancianíta, que armada con un hacha corta y una biblia, entraba en los bares y los destrozaba a machetazo limpio.



Carrie A. Nation, cuyo nombre, fruto de la casualidad, puede ser traducido al español como "levantar una nación", fue detenida más de 30 veces y pagó las fianzas y las multas gracias a las donaciones de personas afines al movimiento, así como de la venta de hachas como la suya. A su muerte en 1911 y con un movimiento anti-alcohol emergente que la consideraba un soldado de Dios, se erigió en su honor una placa que rezaba "Fiel a la causa de la abstinencia, hizo lo que pudo".

De todas formas, la ley seca no tuvo un fácil camino, entre sus muchos detractores se encontraba el propio Woodrow Wilson, el entonces presidente de los Estados Unidos, quien veto su aprobación en varias ocasiones, hasta que el el 28 de octubre de 1919, el veto fue anulado por el congreso.


Los rugientes años veinte.

Barriles de cerveza son destruidos por agentes de la prohibición el 16 de enero de 1920

Con el veto del presidente anulado, la ley Seca finalmente se abre paso y con ello los EEUU entran realmente en una nueva era, pero al contrario de lo que prometía Volstead en su discurso, esa nueva era se conocería tiempo después como los rugientes (o los tormentosos) años veinte. Una era que duraría hasta 1933, año en que la Ley Seca tuvo que ser derogada, pues, según reconocieron las propias autoridades, el grado de injusticias y corrupción generado era inadmisible. 

Las consecuencias habían sido terribles: al menos 30.000 muertos por envenenamientos debidos al alcohol metílico y otros adulterantes; 100.000 personas víctimas de ceguera, parálisis, etc.; 45.000 personas detenidas por motivos relacionados con la prohibición; un 35% de los agentes encargados de velar por la prohibición, con expedientes abiertos por corrupción y casi un 10% expulsados. Un ministro de Interior y uno de Justicia fueron condenados por conexión con mafias y por delitos de contrabando a nivel nacional, y cientos de políticos menores fueron amonestados a nivel local. El mismo año en que se abolió la Ley Volstead, el crimen violento descendió cerca de un  70%, sin volver a alcanzar los mismos niveles hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Y por supuesto, la aparición de unas organizaciones del crimen que aun perduran en la actualidad, dedicadas hoy principalmente al tráfico de drogas.

La producción, la importación, y la distribución de bebidas alcohólicas fueron asumidas por cuadrillas criminales, que lucharon unas contra otras por el control de mercado en confrontaciones violentas, llegando en algunas ocasiones al asesinato de masas.


El famoso Capo de la Mafia Al Capone


Los principales gángsters, como Tom Dennison y Al Capone de Chicago, se hicieron inmensamente ricos gracias a la Ley Seca, sin la cual, probablemente jamás hubiesen pasado de ser unos simples rateros, y fueron admirados y defendidos por el ciudadano de a pie. La imposición de la ley y el orden se convirtió en una misión imposible porque las cuadrillas y las "familias" se hicieron tan ricas que llegaron a tener poder suficiente como para pagarse los mejores abogados y sobornar jueces y policías.

La mayoría de los ciudadanos eran comprensivos con los contrabandistas de licores, y muchos de ellos se sintieron atraídos por el morbo de tabernas ilegales, también llamadas "cerdos ciegos". La perdida de las costumbres sociales durante los años 20 incluyó la popularización del cóctel entre los grupos socioeconómicos más altos, y no era raro que a estos cócteles privados acudieran al mismo tiempo los políticos que defendían la ley Volstead y la elite del contrabando.

 Al Capone charlando con un jugador de baseball en el transcurso de un partido

En varias ciudades importantes las cuadrillas llegaron a manejar el poder político de manera significativa. En una redada de la policía del estado de Michigan, se vieron involucrados el alcalde, el sheriff, y un miembro del Congreso local.

Finalmente, la Ley Seca había conseguido reducir solo entre un 10 y un 30 por ciento el consumo de alcohol. La prohibición, lejos erradicar el vicio, había facilitado la aparición de un mercado negro “profundamente infiltrado en la maquinaria pública, que potenciaba tanto la desmoralización y corrupción de los represores como una tendencia a despreciar la ley en buena parte de los ciudadanos".


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